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Tocar el tema de la espiritualidad en iluminación es una oportunidad delicada, que me entusiasma por su riesgo y provocación en la reflexión de una vertiente del pensamiento poco explorada. ¿Cómo poder especificar e incorporar la idea o posibilidad de la espiritualidad a la iluminación arquitectónica?
No sé de dónde surge el motivo, pero el propósito es claro y definido. Además, hablar de iluminación o pretender hacerlo es en sí una aventura de alto riesgo, porque de nada se ha hablado tanto y se ha comprendido tan poco.

En este proceso vocacional de 25 años de prueba y error, me enfrento ante cada proyecto de iluminación como una investigación de la vitalidad y muerte de las ideas; una especie de batalla contra mí mismo, de guerra intensa contra la insignificancia, arrogancia, improvisación, obediencia a normas y códigos establecidos por la actual ciencia y tecnología consumista de la iluminación.

Por una parte, la ciencia la conocemos como fuente racional de conocimientos en la observación y razonamiento sistemático estructurado para el proceso deductivo de leyes generales. Se basa en pruebas y evidencias para explicar cómo es y cómo funciona el mundo a través del razonamiento predictivo mental.

Por otra, la tecnología nos ofrece propuestas que permiten diseñar bienes y servicios que satisfacen necesidades y deseos de la humanidad, dedicándose al aparente progreso social y económico con una mayor tendencia al consumo y uso no sostenible del medio ambiente. Como hace uso de la biosfera es la causa principal del agotamiento y degradación de los recursos naturales del planeta.

La función principal de los objetos tecnológicos en iluminación es simbólica, sin satisfacer necesariamente las necesidades básicas de las personas, convirtiéndose en un medio del status social y de las relaciones de poder y del no poder.

La iluminación, incluso en catedrales, palacios, museos y rascacielos gigantes está tecnológicamente diseñada, salvo en casos excepcionales, para empequeñecer a los que la vemos, influir asombro o imponer humildad.
La tecnociencia en iluminación representa la riqueza, el poderío y su uso simbólico, regido por el implacable mundo lógico del utilitarismo.

La espiritualidad se entiende como la participación consciente que involucra la identificación del ser humano en su medio de vida, en su entorno, donde los elementos naturales y las cosas tienen vida. Esta palabra genera temor en el mundo de la masividad y del materialismo imperante, pero supone una concientización natural de la ecología en relación con la ciencia y la tecnología, de realidad y manifestación de la misma materialidad y comprobación de su existencia en el mundo, continente, país, ciudad, barrio y calle hasta la puerta de mi casa.

Entre la teoría de la ciencia y la simbología de la tecnología, estamos en medio de valores que quedan en entredicho por su no permanencia y su no manifestación en verdaderos significados de luz.

¿Cómo están los valores de significación en la iluminación tecnológica contemporánea?

Podemos vislumbrar que la iluminación en arquitectura está, principalmente, dirigida al servicio del consumismo y utilitarismo pragmático de las tecnologías y normatividades, olvidando su influencia y poder en dirección al potencial emocional, sensible y espiritual de la sociedad en la cual actúa. En este sentido, entiendo la espiritualidad como la experiencia transformadora en la salud y el proceso donde se plantean preguntas permanentes y diálogos reflexivos, como el hilo conductor que restablece el legado heredado de la cultura, el conocimiento y el pensamiento de origen.

Y ahora que tanto andamos iluminando con optimismo sustentable: ¿qué es lo que realmente estamos y debemos sustentar?

¿Qué motiva las acciones de sustentabilidad en la iluminación?

¿De qué hablamos cuando mencionamos calentamiento planetario, crisis y ahorro energético, contaminación de cielos y ecología con propósitos tecnológicos en iluminación?

Posiblemente, es un efecto intencional de la tecnociencia racional, determinista y mecánica destinada a un progreso sin fin, obediente ante la implacable lógica del utilitarismo. 

Lo espiritual incluye los valores sensibles al respeto absoluto de los demás, ligados a compartir el bien común, tan necesario y urgente en nuestro diario y actual tiempo/espacio.

Ante esta condición y búsqueda alternativa en el mundo de la iluminación, contacto la espiritualidad en la dirección profesional que no implica una actitud religiosa, mística, sectaria o sumisa. Se trata, más bien, de una exploración, un crecimiento contemporáneo de la ciencia y de la tecnología, que no tiene precedentes en la historia, desde lo más pequeño hasta lo más grande, desde lo corto hasta lo largo del pensamiento visual.

Ante el paisaje actual y condición, aparece la pregunta de qué relación existe entre ciencia, tecnología y espiritualidad. Al inicio ciencia, tecnología y espiritualidad coexistían y eran lo mismo.

Grecia; Roma; el Cristianismo; la Reforma; el Renacimiento; la Ilustración; el Moderno Mesiánico; el Comunismo; el Nazismo, la Psicoanálisis, etc.

Galileo, Newton, Goethe, Kepler… No obstante, todos ellos evitaron la idea de fragmentación y separación entre ciencia y espiritualidad.

Galileo Galilei, complementado con Francis Bacon y Johannes Kepler, evitaron la idea de separación y fragmentación entre ciencia y espiritualidad.

Newton fue simultáneamente físico, teólogo, alquimista, cautivado por la energía y la trinidad.
La iluminación es la perfecta manifestación de coexistencia entre los opuestos, ante la constante presión de lo económico; lo energético; la supuesta durabilidad; el costo; el gasto; el ahorro; la garantía; la novedad; la originalidad; la velocidad y los resultados basados en números.

Es curioso ver que la ciencia y la tecnología actual de la iluminación poco tienen que ver con la cultura y la espiritualidad. Es como decir que un bebé nada tiene que ver con su mamá.

El hecho de que muchos científicos se declaren ateos, nada tiene que ver con esto, la ciencia es una cosa y lo científico es otra.

Ciencia es conciencia, es consciente.

Científico es subconsciencia, subconsciente.

Las dos caras de una misma moneda.

El balance entre la ciencia de la iluminación y la conciencia de la iluminación se genera relacionando lo efectivo con lo afectivo, el número con la percepción, el dato con la observación, la prueba de laboratorio, norma, código, estándar, arrogancia leed, con la percepción y afectación mental emocional. La ciencia y la tecnología de la iluminación dirigidas a preservar la salud, armonía, balance, totalidad y diversidad, consolidando nuestras ciudades en un profundo sentido de sensibilidad hacia la vida, alimento, creatividad, sorpresa, convicción, expectativa y justicia.

La separación entre ciencia y significado se inicia en el siglo XVII. En nuestro tiempo, la separación se ha consumado: la ciencia y el humanismo no tienen relación.

Actualmente, un secretario de cultura nada tiene que ver con un secretario de energía. Y quien se atreva a romper o cruzar estas fronteras y relacionarlos deberá medir los riesgos de esa aventura.

La ciencia y la tecnología no tienen acceso a la nobleza de la cultura y la espiritualidad
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La espiritualidad y la cultura no tienen acceso al prestigio de la ciencia.

Y se separan las ciencias exactas de las ciencias humanas, ¡como si éstas fueran inhumanas o subhumanas!
Incluso la cultura anglosajona es aún más determinante al definir la separación, matizando entre ciencias duras y ciencias suaves, ¡sin mencionar las apreciaciones sexuales implicadas!

Actualmente, la iluminación como disciplina se presenta como un sistema socioambiental complejo que atiende fenómenos culturales, políticos, económicos, históricos, imaginativos en constante interacción. Cualquier proyecto de iluminación es policéntrico; diverso y multicultural en su propia naturaleza y característica sustentable en dirección; valor guía; significado; conectividad; expectativa; calidad de vida; unidad de existencia; proceso orgánico y honestidad tecnológica incluyente de nuestra mirada.

Paseando por la dimensión de estas ideas, me he preguntado qué es lo que impulsa y soporta a la ciencia y la tecnología en el mundo de la iluminación al intentar provocar valor y significado en el mensaje... La respuesta es la espiritualidad.

Tomemos como ejemplo los motivos y frases que las grandes corporaciones han usado para el desarrollo de su ciencia y tecnología y, consecuentemente, de su materialidad y poder económico territorial de su propia marca: 
  • PHILIPS: SENSE AND SENSIVITY
  • OSRAM: INSPIRED AND REMARKABLE
  • GE: WE BRING GOOD THINGS TO LIFE
  • ZUMTOBEL: IDEAS FOR LIFE
  • NICHIA: POSSIBILITIES ARE INFINITIVE
  • ARTEMIDE: A TRIBUTE TO LIGHT 
Todas venden espiritualidad, valor emocional, sentimiento del bien y combate al mal. Intentan, a través de la fuerza y potencia de la comunicación social, LEDs y transformadores por medio de valores espirituales. ¡Me convierten en inteligente, ahorrador, ecologista, amante del planeta y hasta humanista!

No se vende el producto por el producto, se compra por su valor espiritual en significaciones del bien, la seguridad, el ahorro, la sustentabilidad, la felicidad, la pasión y hasta el amor. De esto saben bien los mercadólogos/psicometristas del estado de indefensión e hipnosis colectiva dirigidos hacia el consumo diario irrefrenable.

¿Qué pasaría en la industria si no se apoyara en la espiritualidad?

En esta dirección, la sustentabilidad incluye la dimensión espiritual en la búsqueda del conocimiento local y social, posicionando en nuestro cuerpo la mirada, como punto focal central en el proceso de reaprendizaje que va más allá del racionalismo dualista, fragmentación, pragmatismo, utilitarismo y engaño.

De esta manera, podemos elevar nuestro pensamiento y generar futuros sustentables a través de la iluminación y su potencia de convencimiento. Debe haber una conciencia de la educación hacia los jóvenes en los valores visuales del entorno personal y social incluyendo en el diseño de iluminación la dimensión espiritual en la meta hacia la sustentabilidad. Mañana puede ser muy tarde, menciona el científico filósofo rumano, Basarab Nicolescu, en relación a la triple dimensión del potencial autodestructivo de nuestra especie como un producto triunfante de la tecnociencia, obediente solamente a la implacable lógica del utilitarismo.

En todo esto, la iluminación como pocas ciencias y tecnologías contemporáneas puede integrar en su desarrollo y manifestación la dimensión espiritual en nuestras comunidades como propuesta de vida hacia la salud, armonía, balance, diversidad y, por qué no, hacia la creatividad, sorpresa, afecto y justicia.

Comprender los principios de sustentabilidad soportados sobre los cimientos humanísticos de sistemas naturales en la dimensión del mismo ser humano en su entorno diario natural brinda una experiencia cotidiana a cualquier persona, sea como sea, y permite la inclusión para la creación de futuros sostenibles, integrando en la acción sustentable el principio y el valor de la espiritualidad dentro del mundo de las promesas y ofertas optimistas de la ciencia y tecnología.

En iluminación, hablemos de espiritualidad sin temor a la ciencia y la tecnología al compartir el sentido y significado de las cosas, percibiendo todo aquello ligado al conocimiento de los elementos cotidianos de nuestro saber y hacer, dando al mundo de la iluminación el mayor espectro existencial, que bien hace falta para considerarlo no solo como un oficio de números, normas, códigos y negocios.
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Sobre el autor
Gustavo Avilés
Se graduó la carrera de arquitectura en la Universidad Iberoamericana. Es especialista en el diseño de iluminación arquitectónica y la investigación de recursos técnicos, académicos y de diseño de luminotécnica en México, Europa y Estados Unidos. Ha sido también profesor de cursos de master y postgrado en las principales universidades e instituciones académicas en México, y ha sido conferencista invitado en diversos eventos académicos y ferias de exposición en Milán, Finlandia, Francia, Alemania y Brasil.

Entre sus obras de diseño de iluminación arquitectónica en México destacan, entre otras, el Casino Español en el Centro Histórico de la Ciudad de México, las áreas exteriores del Auditorio Nacional y la nueva sede parlamentaria del Senado de la república. En el extranjero, ha trabajado en proyectos de iluminación en asociación con los arquitectos Piero Castiglioni y Carla Baratelli, de Italia, y la diseñadora de iluminación Anne Bureau, de Francia, entre otros. En repetidas ocasiones ha recibido el reconocimiento “Award of Merit Edwin – F. Guth Memorial”, otorgado por IESNA, por sus trabajos en el Museo José Luis Cuevas y el Castillo de Chapultepec, Pabellón Banderas, entre otros. Actualmente desarrolla el plan maestro de San Luis Potosí.

Es representante de la European Lighting Designers Association en México. Es fundador y actualmente director de la empresa Lighteam, SC, empresa dedicada al desarrollo de la iluminación en arquitectura, y del Studio-Spazio-Laboratorio de Luz, primera y única plataforma en México instalada para el desarrollo de pruebas e investigación en el campo de la iluminación arquitectónica.
18 Octubre 2017
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