Carla Jardim
Proyectos humanitarios que llevan luz a lugares "ensombrecidos"
La ausencia de luz en muchos países en vías de desarrollo ha llevado a un gran número de lighting designers a crear proyectos económicos y educativos, con la colaboración de las comunidades locales, para llevar luz artificial a las poblaciones rurales y asentamientos informales que, al caer la noche, se ven privadas de electricidad. Una carencia que se agrava de manera significativa en situaciones de crisis o emergencia como es el caso de Haití, asolado por un terremoto en 2010.

Ante esta catástrofe natural, la asociación humanitaria Lighting Designers Without Borders (LSE), junto con el apoyo de partners locales y la comunidad de Martissant –asentamiento informal en Haití–, decide tomar partido e implementar un proyecto lumínico en la zona afectada, obteniendo grandes resultados entre los habitantes locales.


Martissant es una comunidad que tiene un acceso mínimo al agua y a la sanidad básica. La organización de acción médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras ya había informado de que gran parte de los problemas de salud pública estaban relacionados con accidentes ocurridos durante la noche por falta de iluminación. Para paliar estos accidentes, la LSE llevó a cabo un programa de Social Lighting Design, que preveía ocho pasos clave:
  1. Visitar el lugar donde se trabajará
  2. Observar
  3. Conocer a la población local
  4. Educarla
  5. Experimentar
  6. Diseñar
  7. Implementar
  8. Y, finalmente, proceder al "light up" (encendido)
Gran parte del éxito del proyecto se debe al hecho de haber educado e involucrado a la comunidad durante todo el proceso. De este modo, se comparte el conocimiento y se empodera a la población para que vea el proyecto como suyo y para su beneficio. 

En el caso concreto de Martissant, se implementó un mini generador –por si la zona no estuviese electrificada o no dispusiese de los recursos necesarios para adquirir o mantener la electricidad–, diferentes tipos de kits solares para los caminos, zonas de escaleras o rincones oscuros, kits de iluminación portátiles individuales y postes de luz solares para la iluminación general de las calles.

Cabe mencionar que la Lighting Designers Without Borders aboga por la importancia de las prácticas sociales de campo, divulgando este caso y sus resultados, y expande la postura ética de la profesión del diseño de iluminación.

Existen otros proyectos humanitarios que abrazan el mismo objetivo ético de la profesión. Un ejemplo interesante es el desarrollado por el arquitecto Matteo Ferroni en las comunidades rurales de Mali, a partir de 2010. Matteo Ferroni decide buscar una manera de llevar luz artificial, de forma económica y sostenible, a todas aquellas comunidades donde la electricidad no llega. Su invento consiste en una especie de farola portátil, realizada básicamente con materiales reciclados encontrados en la región: una rueda de bicicleta; una barra metálica de obra telescópica para cambiar su altura; una pantalla hecha de una lata de refrescos; una batería recargable mediante placas solares y una fuente de luz LED.

La intención de la lámpara es que no esté anclada a un punto fijo, sino que pueda transportarse donde se precise la luz. La barra telescópica permite que la luz se adapte al número de personas que se concentre para una actividad determinada, siendo adaptable en función de cada reunión nocturna. Esta luminaria portátil cubre las necesidades nocturnas de un colectivo que, anteriormente, solo podía juntarse en época de luna llena.


Y, para finalizar, un tercer proyecto humanitario con similar intención –cubrir las necesidades nocturnas individuales de pueblos rurales de África–, muy conocido en el sector, es el de Olafur Eliasson, con ayuda del ingeniero Frederik Ottesen, quienes crearon la famosa luminaria Little Sun. Su objetivo es generar un impacto positivo en la vida de las personas que viven sin acceso a la energía, suministrándoles luz artificial. Su misión consiste en aportar luz a las escuelas rurales, los campos de refugiados con programas escolares y educativos –lectura y alfabetización de estudiantes– en Etiopía, Ruanda, Nigeria, Uganda, Marruecos y Tanzania. Siempre con la ayuda de colaboradores locales y ONGs.

Todos estos proyectos tienen una intención humanitaria en común: educar a una población carente y, a la vez, hambrienta de luz artificial durante las horas nocturnas para que puedan tener más oportunidades. Compartir el conocimiento con esta comunidad y dotarla, así, del empoderamiento a través de la luz, es vital para que puedan desarrollarse y cambiar su relación con la noche.

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